domingo, 17 de agosto de 2014

Mi cámara en el interior de la colmena

A veces la fotografía no solo me permite disfrutar fotografiando el entorno, sino que me da la oportunidad de aprender cosas curiosas, como es el caso de este reportaje. Tengo la suerte de contar con apicultores en la familia, lo que me ha permitido colarme en el colmenar o cortín, que es el nombre que recibe en la zona asturiana que visité.

Lo primero que tenemos que hacer es protegernos, cuando abrimos una colmena, las abejas se sienten amenazadas y no dudarán en defender a la comunidad, así que hay que asegurarse de que no quede al aire ni un centímetro de nuestra piel.



Una herramienta imprescindible para el apicultor es el ahumador, se trata de un depósito cilíndrico, donde meteremos el material que vamos a quemar (en este caso papel y helechos), un orificio para dirigir el humo y un fuelle.







El motivo de utilizar el ahumador, es aturdir a las abejas mientras se realizan las tareas de extracción o reconocimiento de la colmena. Hoy tratamos de comprobar cual es el motivo por el que alguna de las colmenas tiene una producción más escasa que el resto. 


Las colmenas han cambiado mucho en los últimos 30 años, antiguamente eran troncos huecos y las abejas se encargaban de hacer los panales de cera y rellenarlos de miel. Con ese sistema, cada vez que el apicultor extraía la miel, destrozaba todo el trabajo que habían realizado durante la temporada, porque sacaban: tanto la miel, como la cera, para exprimirla y colarla. La producción se veía mermada, ya que las abejas no solo tenían que producir miel, sino que también tenían que reconstruir los panales de cera. Hoy en día, las colmenas son cajones llenos de panales, que se construye dentro de un marco móvil de madera. Se crea una lámina de cera estampada que se pega a los alambres que cruzan el marco en forma horizontal o vertical. Sobre esta base las abejas estiran sus celdas hexagonales con una leve inclinación superior desde el fondo a la boca, con el propósito de que no se derrame la miel que guardan en el interior. Con este sistema, la abeja no pierde tiempo en fabricar las celdas desde la base y el apicultor puede ir añadiendo capas (llamadas alzas) a medida que las abejas van llenando las capas inferiores, en la siguiente foto vemos colmenas con: dos, tres y hasta cinco alzas. 

video

Aquí podéis ver el vídeo grabado durante el reportaje.


Tuvimos las suerte de presenciar el momento en el que un zángano sale a la luz por primera vez, no recibe ninguna ayuda. Si en lugar de ser un zángano fuese la Reina, estarían todas las abejas alrededor, ayudándola a nacer cortado el opérculo (cera que recubre la celda) incluso tirando de ella para facilitarle la salida, a su lado vemos celdas recientemente abiertas, que corresponden a zánganos que acaban de nacer.







Como ya he dicho anteriormente, el apicultor notó una escasa producción en alguna de las colmenas y es el momento de buscar el motivo. Después de abrir la colmena y ahumar a las abejas para evitar que se muestren excesivamente violentas, extrajo uno a uno los panales en busca de la abeja Reina. Si la Reina es muy vieja, la colmena no trabaja a pleno rendimiento y si es demasiado joven quiere decir, que han pasado una época de inactividad desde que la vieja desapareció hasta que tienen una nueva. 


Toman nota de todos los detalles. Con más de 200 colmenas, se necesita una buena base de datos, para llevar un seguimiento individual.

En la foto inferior podemos ver como las celdas están casi llenas, en ese momento crearán el opérculo o membrana protectora, para que la miel no se derrame y madure. Si se extrajese la miel cuando aún no tiene el opérculo, la miel se estropearía y no serviría para el consumo.

Abajo  podemos ver las  lenguas rojas y vellosas de las abejas, mientras se alimenta con su propia miel. A modo de curiosidad: Si una abeja fuera capaz de producir ella sola un litro de miel, tendría que recorrer una distancia equivalente a 7 veces la vuelta al mundo.




Suerte que son suficientes como para no tener que hacerlo una sola, y que, estas abejas en concreto, tienen el suficiente brezo como para no tener que hacer grandes desplazamientos.


En la foto inferior vemos a una abeja limpiando el interior de una celda. Dependiendo de las necesidades del momento, las utilizaran tanto para guardar miel, como para depositar sus huevos o almacenar polen. Cada celda puede albergar cualquiera de los tres, tantas veces como lo necesite. Si la celda está llena de miel y la necesitan para poner sus huevos, se la comerán y después de limpiarla los pondrán en el interior.




Aquí vemos el siguiente paso a la limpieza, están depositando los huevos en el interior, los podemos ver situados en el centro de cada celda. El primer día están de pie, el segundo ligeramente inclinados y a partir del tercero totalmente horizontales. En la foto vemos que estamos en el segundo día de la puesta.


El trabajo de la abejas es escrupulosamente ordenado, así que no rellenan las celdas  al azar, sino que llevan un orden . En la foto inferior vemos como están ordenados en semicírculos. Podemos diferenciar las que contienen larvas y las que contienen miel, por el color del opérculo. En la miel es mas blanquecino e irregular, sin embargo el de las larvas es mas amarillento.


También existen diferencias entre las celdas que albergan larvas de zánganos y larvas de abejas Reina. Las que son mas abultadas tienen futuras abejas Reina, que han conseguido serlo porque mientras están dentro de la celda el resto de las abejas las alimentan con jalea real. Se aseguran de criar unas cuantas, para evitar accidentes y asegurarse de que alguna llega al final. La primera que consigue salir, matará inmediatamente al resto que aún está bajo el opérculo, para evitar competencia.



A ojos de cualquier persona resulta difícil encontrar la abeja Reina, sin embargo el apicultor la encuentra en segundos. Aquí la vemos rodeada por el círculo. Es considerablemente mayor que el resto de las abejas y el color rojizo de su abdomen es más fuerte que el de sus compañeras.



A veces otras especies comparten espacio con las abejas, las hormigas aprovechan el calor para tener sus huevos y como no suponen ninguna amenaza para las abejas, la convivencia es posible.


Todo esto ha sido posible gracias a la información facilitada por:

Ramiro Linares, Carmen Fernandez y Virginia Linares.